Taller de cuento en el Complejo Correccional 292, Bayamón (2015) Prof. Rubis M. Camacho

Prólogo del libro: De adentro hacia afuera: Antología de cuentos y cartas desde las prisiones

Por: Rubis Camacho

¿Qué poder maravilloso se libera dentro del ser humano cuando hace literatura? Los participantes del Taller de Creación Literaria de la Prisión de Máxima Seguridad 292, en Bayamón, contestaron la pregunta.

Durante ocho semanas, enfrentaron con valor inusitado el desafío de la hoja en blanco. Se aprestaron a ejercicios creadores de hondas repercusiones psicológicas y emocionales. La hoja en blanco exige la palabra, porque su articulación es acción y voz en el tiempo.

Primero, fueron trazos lúdicos, traviesos, escépticos. Sus mentes se negaban a aceptar la escritura como un proceso de encuentro con ellos y con el mundo. Acompañaron estas primeras líneas con sonrisitas burlonas, miradas desconfiadas y suspiros de paciencia.

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Con el paso de las semanas, escribieron oraciones tímidas, esbozos asustadizos. Un jueves, creo que el cuarto, me sorprendieron con textos que trazaban rutas; o en el decir del poeta Carlos Roberto Gómez, un “Mapa al corazón del hombre”. Eran escritos genuinos, confesionales, desnudos, terribles, ingenuos. Supe que habían atravesado la puerta. Ese día escribieron desde el recuerdo luminoso de la infancia. Leyeron y escucharon con reverencia. Compartieron el niño que llevan adentro y se descubrieron iguales, en la risa como en el desamparo. Supimos de charcas, de amigos de escuela, de la primera bicicleta, de los Reyes que no llegaron, del padre desaparecido, de la cometa sin rabo…

El jueves siguiente escribieron a sus mascotas. Rambo, Rocky, Conde, Roco, Pitufín, fueron algunos de los nombres de los perros vitoreados. El recuerdo de esos animales, signos de fidelidad y correteos adolescentes, quebró sus voces un par de veces.

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 En las próximas sesiones, ya estaban listos para escribir desde el mayor dolor: la ausencia de la familia. Se abrió el espacio para que veintidós hombres, vestidos de añil, desgranaran sus penas, aceptaran culpas, reconstruyeran imágenes, hasta alzarse en las palabras: perdón, libertad y esperanza. Confirmé que los momentos de santidad no son patrimonio exclusivo de los altares, que el gran error en la historia de un ser humano es confundir la vida con un momento, y que la escritura creativa vibra con fuerza transformadora.

El último jueves leyeron la tarea: “Carta para mí”. De pie, cada cual interpretó desde su código y describió desde su ventana. Parecían tan libres, poderosos constructores del mañana. Reímos y tomamos agua. Desde esa altura, las esposas que descansaban en un balde cuadrado de aluminio no parecían tan contundentes, tampoco sus cadenas. Poco se puede contra una verdadera comunidad de aprendizaje.

Los hombres de añil siguen tras los barrotes; pero hoy sus palabras salen al mundo, gracias al esfuerzo de la fundadora del Instituto de Formación Literaria, la escritora Mara Daisy Cruz. Sí, siguen allí, pero están menos solos. Ahora se acompañan de palabras.

 

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